Como les dije en nuestro encuentro del club, siempre estoy prestando atención a cómo me hacen sentir las cosas, incluso los libros (o en especial los libros!) Por eso a veces me cuesta hablar sobre lo que leo sin caer en el intento de describir mis propias emociones. No suelo guiarme por información específica sino por lo sensible, lo que me transmite e inspira, aquello con lo conecto incluso desde lo inconsciente. Sin embargo, de vez en cuando ocurre el milagro: me obsesiono con un tema y lo investigo a fondo. Esa mezcla de sensibilidad y obsesión puede ser peligrosa, pero también es muy útil para este club, y para mi rol como lectora y escritora.

La Casa de los Espíritus de Isabel Allende es una novela que, como todas mis favoritas, leí más de una vez. Fue una lectura adolescente que cambió mi forma de percibir la historia. También fue, de algún modo, un poco mi primera ESI: es el primer libro que leí que tiene algo de erotismo y se alejadel romance más inocente al que estaba acostumbrada (Mujercitas, por ejemplo). Y fue, además, mi puerta de entrada al universo de Isabel Allende, una de las autoras que más he leído.

Ese libro sigue siendo, para mí, algo más que un relato atrapante: es un pasaje simbólico entre la ignorancia y el conocimiento de la historia latinoamericana, y de las mujeres que la habitan.

Me pasó algo muy hermoso estos días. Fui al estreno de la película de una amiga en el BAFICI, y como no me sentía bien, ni bien termino la proyección me fui. Pero no pude evitar entrar a algunas librerías sobre Corrientes, en la zona de teatros. Y ahí pasó algo: encontré La Palabra Mágica, de Isabel Allende, un libro nuevísimo, donde habla sobre escritura. Ahí encontré la información que me faltaba, esa que no sabía que necesitaba. No tuve que recurrir a atajos, porque, como suele pasar, un libro me llevó a otro libro. Este mes no solo releí La Casa de los Espíritus una vez más, sino que accedí a otro libro que me dió todo lo que necesitaba para esta entrega.

La carta más larga del mundo

Contexto, Chile, 1973 : un golpe militar termina con la democracia. Isabel Allende en ese momento trabajaba como periodista y editora en una revista infantil. Comienza la época del terror: el toque de queda, la censura, la quema de libros y las desapariciones. Los disidentes pasan a ser “enemigos de la patria” y el clima chileno se vuelve hostil y violento, de una forma muy similar a la que pocos años después sucedería en Argentina. Es por esto también que esta historia nos atraviesa tanto.

Es convocada junto con otros periodistas y personas de los medios donde son amenazados e ¨invitados¨ a auto censurarse. Ante el miedo y el dolor, Isabel y su familia deciden exiliarse a Venezuela.

La ahora consagrada escritora, comienza todas y cada una de sus novelas el 8 de enero, porque fue ese día en el año 1981 cuando comenzó a escribirle cartas a su abuelo, que se estaba muriendo en Chile. Esa carta, donde ella intentaba contarle que no se había olvidado de todas las historias y anécdotas que éste le había compartido, fue creciendo hasta dejar de ser una carta y convertirse en una novela.

¨Por extraño que parezca, el temor impulsó mi deseo de ser novelista. Escogí el exilio por temor a la represión en Chile y la nostalgia por mi país inspiró mi primer libro. Al experimentar la censura tuve conciencia de la importancia de la palabra escrita como un medio para preservar lo que no se podía olvidar, de desafiar a los censores y contar aquello que la dictadura pretendía silenciar¨

Escribía a mano, cuando podía. Trabajaba en un colegio, y usaba las noches, los fines de semana, cada momento libre para perseguir esa intuición que la llevaba a escribir. Tenía 39 años. No tenía un plan, sólo ese deseo y necesidad de seguir escribiendo y empezar darle forma a eso que había comenzado como la carta más larga del mundo. Su familia, marido e hijos, la ayudaron con la corrección y primera edición del texto, todo a mano, por supuesto. Cuando su madre le pide cambiar el apellido de su propio padre (en esos primeros escritos, era el apellido del villano de la novela) quien las había abandonado, lo cambia por otro con la misma cantidad de letras, para que ¨entre¨ en la corrección del manuscrito, del cual se ocupa su hija Paula.

Isabel Allende va y viene con su manuscrito en una bolsa, como un tesoro recién desenterrado, que en algún punto es lo que era; sus ideas, emociones, sus miedos y nostalgias, habían sido desenterrados de su memoria y se convierten en esta obra maravillosa que le abre las puertas a su nueva vida como escritora, que es la que lleva hasta el día de hoy.

Una historia sobre generaciones de mujeres

La Casa de los Espíritus es una saga familiar que atraviesa generaciones donde lo íntimo y lo político se entrelazan. El ritmo lo llevan las mujeres de la familia.

La historia sigue a la familia Trueba - Del Valle en un país latinoamericano que, dato curioso, nunca se nombra. Nosotras sabemos que está hablando de Chile, pero la autora tiene una postura muy puntual sobre esto: decide no nombrar a su país basicamente porque podría haber sido cualquier otra nación de Latinoamérica atravesada por dictaduras y conflictos sociales.

Clara Clarividente

El libro comienza con una Clara de niña, quien puede comunicarse con los espíritus y predecir el futuro, y se convierte en uno de los ejes de la novela. Clara es un personaje por quien siento interés y ternura. Sobre todo, siempre me dió mucha intriga. Hay cierta solemnidad en su magia y sus expresiones concretas la convierten en la encarnación del realismo mágico*. No parece sorprendida por sus mente maravillosa y poderosa, y eso la hace aún más interesante.

Blanca Trueba

Hija del matrimonio entre Clara del Valle y Esteban Trueba, quien estaba comprometido antes con la hermana de Clara, Rosa la bella, una joven angelada de pelo verde con una belleza extraordinaria, quien muere envenenada. Su muerte desencadena los sucesos de esta novela. Clara y Esteban se van a vivir a la estancia Las Tres Marías y allí se convierten en los padres de Blanca. Madre e hija, muy marcadas por los mandatos y por el autoritarismo violento del villano patriarca, comienzan su propia historia de resistencia. Clara, luego de ser golpeada por su marido, no vuelve a hablarle por el resto de su vida. La joven Blanca, por su parte, desafíaa las reglas sociales al enamorarse de un campesino revolucionario y tiempo después, cria a su hija Alba por fuera de todos los protocolos burgueses.

Alba Trueba

Nieta de Clara, hija de Blanca, es quien nos guía a través de esta historia. A partir de los cuadernos de ¨anotar la vida¨de su abuela, Alba es quien lleva el hilo y reconstruye la historia familiar. La mayoría de las veces, Alba asume la voz de un narrador omnisciente, excepto por el epílogo y otros fragmentos, donde aparece su propia voz.

Las narraciones de Alba se ven interrumpidas y a la vez enriquecidas, cada tanto, por el testimonio en primera persona de Esteban Trueba. A través de su voz accedemos a zonas que Clara no podría haber dejado en sus cuadernos de anotar la vida. También funciona como un gesto de humanización: en su vejez, Trueba encuentra una forma de reivindicarse, de acompañar a su nieta, que hereda algo de cada una de las mujeres de su familia. El pelo verde de Rosa la Bella la vuelve un ser excepcional y fuera de norma; la espiritualidad de Clara, su conexión con lo que está más allá, la hacen especialmente sensible e inteligente. Y finalmente está Blanca, con su tenacidad y su compromiso, que terminan de moldear a Alba, quien asume una posición política más definida y que, en el contexto de la dictadura, usa sus privilegios de clase para proteger a quienes son perseguidos.

*Realismo mágico y lo real maravilloso

El realismo mágico es una forma de narrativa donde lo fantástico aparece dentro de un mundo realista sin explicarse: lo mágico es parte de lo cotidiano, y si bien le sorprende al lector, no sucede los mismo con los personajes, quienes conviven con la magia y los aspectos extraordinarios que ésta trae a sus vidas, sin cuestionárselos.

En cambio, lo real maravilloso, concepto de Alejo Carpentier, tiene que ver con una realidad que ya es extraordinaria. La historia como tal, los mitos y leyendas, los sistemas de creencias y los rituales de América Latina hacer de lo maravilloso una experiencia concreta del territorio.

En La Casa de los Espíritus conviven ambos: el realismo mágico aparece de la mano de personajes como Clara gracias a su clarividencia y conexión con los espíritus, a Rosa con su pelo verde y belleza irreal y a Férula (hermana de Esteban, quien se enamora secretamente de su cuñada Clara), cuyas maldiciones hacia su hermano se toman como verdades absolutas y destinos oficiales. La presencia constante de espíritus y la sensibilidad hacia ellos heredada por Alba también se identifican dentro del realismo mágico.

En cambio, lo real maravilloso no pasa tanto por lo “mágico” en sí, sino por la forma en que la historia latinoamericana , social, política y familiar, ya es, en sí misma, increíble.

La voz

La voz de Isabel Allende es muy particular. Escribe en español, una lengua que se presta a lo emocional y a lo imaginativo. Se mete en la piel de cada personaje, reconoce algo propio en ellos, incluso en los villanos. Según su propias palabras, la autora siempre escribe desde lo sensible, apelando mucho más al ¨corazón¨que a su cabeza.

Su voz está hecha de todo lo que leyó, de las historias de sus abuelos, de las radionovelas y telenovelas, de las cartas de su madre, del sonido del viento y del mar de Chile.

¨De la complejidad de la vida nacen las novelas. Cada persona tiene su historia y quisiera poder contarla con su propia voz¨

La forma en la que fue escrita esta novela, las raíces y vicisitudes de la propia vida de la autora y su familia, despiertan una sensación de necesidad: esta historia fue escrita porque tenía que ser contada, especialmente porque durante mucho tiempo, no estaba permitido contarla.

Gracias por leer con nosotras y por asistir al encuentro de Lulú Reads! Las espero en la próxima entrega!

Jimo Soriano - Girl at Heart