Por Jimo Soriano
Lulú Reads es un club literario que nace del deseo de compartir con ustedes las emociones que sentimos sobre la lectura y la escritura, ambas fuentes de inspiración vitales para la marca. La construcción del universo de Lulú Martins siempre estuvo atravesada por la lectura. Las historias fantásticas, los ensayos poderosos y los personajes inolvidables cobijados en los libros también son una parte importante del ADN constitutivo de nuestro mundo.
Pero antes de contarles cómo funciona este nuevo espacio de encuentro y fantasía literaria necesitamos hacer una revisión identitaria de nuestra propia historia, y yo, sobre todo, necesito presentarme como narradora:
En la casa de las hermanas Martins no había televisión por lo que el consumo de literatura y su propia imaginación eran la fuente de entretenimiento y reflexión. Hoy en día, aún en un contexto de saturación de medios de comunicación, la lectura sigue siendo refugio y uno de sus espacios favoritos para habitar.

En mi caso - y en mi casa también - había una sola televisión que se usaba con cierto recaudo, pero no fue la falta de otros estímulos o distracciones la que me acercó a los libros. No voy a mentirles, yo amaba la tele: las novelas, las películas, hacer zapping hasta encontrar ese videoclip que tanto quería ver. Sin embargo, algunos hechos de mi infancia que pueden parecer pequeños - pero no lo son - marcaron mi destino como lectora empedernida y también como escritora.
Para empezar, mis padres lectores me acercaron ejemplares de Mafalda cuando yo aún era un bebé redondo de ojos inocentes. No los leía, pero los hojeaba, dibujaba, manipulaba - seguramente también mordía - todos gestos que evolucionaron en un precoz apego a los libros. Cuando finalmente aprendí a leer fue como si se despertara en mí una especie de magia, o quizás un monstruo, una criatura que siempre había estado dentro mío, hambrienta de palabras y de historias.

Recuerdo muy bien mis primeras lecturas conscientes: Mujercitas, La Hija del Espantapájaros, Tengo un Monstruo en el Bolsillo, Caídos del Mapa, Las Brujas y la Historia Interminable son algunos de los títulos juveniles que funcionaron como iniciación a mi educación literaria, sentimental y conformativa. No fui una niña particularmente tímida, pero mi intento por participar en actividades en grupo sufrió incontables fracasos - es muy cierto eso de que los niños pueden ser crueles - y mi hasta ese momento inocente inclinación por la lectura se convirtió en un refugio, necesario y esperanzador, frente a la insoportable realidad de crecer.
Hay tres momentos que se acercan más bien nítidos e identifico como constitutivos, quizás los cimientos de este vínculo maravilloso y profundo que vengo construyendo desde la primera vez que pusieron a Mafalda sobre mi sillita infantil.

El primero de ellos: tenía once años, estábamos en Bariloche, la familia completa, incluso estaba mi abuela, personaje que también viene a cuento. Yo en ese viaje escribí una secuela de Mujercitas con mi letra desprolija y redondeada - aún no existían las fanfic, o por lo menos no de la forma en la que los conocemos ahora - Recuerdo que mi mamá lo leyó y un poco se emocionó. En ese mismo viaje, durante una tarde de primavera sureña y fría, recorrimos librerías con mi papá. Él fue quién me regaló el que hasta hoy es mi libro favorito. Una novela maravillosa, extraordinaria en su sensibilidad, dulce y también terrible. La Princesita de Frances Hodgson Burnett es sin dudas el libro de mi vida, pero ya hablaremos de él y de su autora en alguna entrega futura. Tienen mi palabra.

Otro recuerdo, éste quizás más agridulce pero no por ello menos emocionalmente formativo, es más bien una anécdota familiar que nos supo sacar risas durante años, y luego también algunas lágrimas duelantes. Durante la primaria, mi papá y mi mamá no me daban otra opción más que regalar libros para los cumpleaños de mis compañeros y yo los odiaba en silencio. Ya bastante mal la pasaba en el colegio cargando con toda mi sensibilidad a cuestas como para encima convertirme en la chica que regala libros. Tengan en cuenta el contexto: eran los noventa y yo estaba recién entrando a la tan esperada y caótica adolescencia. Nadie quería recibir libros como regalos de cumpleaños, pero ellos insistían. Hoy estoy orgullosa de ser la chica que regala libros. Lo sigo haciendo para los cumpleaños pero también en momentos inesperados, tanto necesarios como caprichosos. Ya sean comprados o sacados de mi propia biblioteca, me quedó para siempre esa manía preciosa y heredada. Regalar o prestar libros es como compartir una parte tuya tan íntima que no se puede acceder a ella de ninguna otra forma que no sea mediante ese gesto.

El último, o por lo menos el último de este relato que les hago hoy: mi primera lectura de carácter un poco más adulto fue Cumbres Borrascosas - escrita por una Emily Brontë de 27 años - que llegó a mis manos gracias a mi abuela Dora Concepción. Fue ella quién me regaló un ejemplar delicado de esta novela tormentosa de paginas color papiro con terminaciones de un dorado casi rosa que aún hoy guardo en un lugar especial de mi biblioteca. La dedicatoria, escrita con su letra prolija y llena de florituras, también tenía pegada una florecita seca. Mi abuela era, rasgo que también heredé con orgullo, romántica, fantasiosa y un poquito dramática. Una anécdota que corre por la familia era que ella en su barrio en la zona sur de Buenos Aires se hacía llamar Catherine, el nombre que lleva la protagonista de Cumbres Borrascosas. Me la imagino recorriendo los negocios en su cotidianidad de señora, diciéndole al verdulero y al panadero su nombre de fantasía y negando llamarse de cualquier otra forma que no fuera la de su personaje favorito a quién ya había convertido en su alter ego.
Los primeros libros que leemos, inevitablemente, tienden a convertirse en nuestros favoritos. Quienes nos acercan la literatura en la juventud serán recordados cada vez que volvamos a esas páginas. A veces por nostalgia, la melancolía que siempre quiere regresar al lugar donde alguna vez fue feliz, recurrimos a las mismas historias una y otra vez, convirtiéndolas en nuestro espacio seguro. Revisitar nuestros favoritos implica encontrarnos con quienes somos hoy y las re- lecturas modifican las historias, porque es la imaginación del lector quién les da forma y vida. ¿Son acaso esos primeros libros una parte fundamental de nuestra educación emocional? Intuyo que no son sólo esos libros los que nos aportan un valor identitario, sino también aquellas personas que nos los acercaron, volviéndolos aún más inolvidables.
Me pregunto por la lectura y la escritura como una forma de indagar sobre las cuestiones fundamentales de nuestra vida y del mundo. ¿De qué sirven los relatos que armamos sobre nosotras mismas? ¿Es escribir una forma de acercarnos o de alejarnos? ¿Qué anhelamos de las historias que leemos? ¿Qué dicen esas frases marcadas sobre nosotras?
Para intentar responder estas preguntas y seguir haciéndonos otras creamos Lulú Reads, un club literario que funciona como espacio de encuentro para explorar y subrayar libros, hacer anotaciones, compartirlos y prestarlos. Como narradora y moderadora de este proyecto maravilloso me propuse escribirles directamente a ustedes - tengan en cuenta que mi soporte preferido de escritura son las cartas - una vez por mes. En forma de newsletter vamos a explorar una ¨temática mensual¨ en el marco de lo sensible y lo literario, abriendo la conversación y el intercambio sobre aquello que nos interpela y nos conmueve. Voy a estar compartiendo mis reflexiones y recomendaciones de libros y autores - ¡sobre todo de autoras! - que atraviesen de alguna forma la temática que nos convoca mes a mes.

El objetivo es compartir lecturas y escritos, hablar sobre nuestras autoras favoritas y explorar temáticas que nos interpelan. No van a faltar entrevistas, ejercicios para fomentar la creatividad, y muchas sorpresas hermosas que tenemos planeadas para ustedes. Además del newsletter van a encontrar contenido de Lulú Reads en youtube, instagram y tiktok, y muy pronto abriremos un espacio presencial para celebrar el encuentro sin pantallas de por medio.
Con Lulú Reads reforzamos nuestro compromiso con encontrar una sensibilidad posible en el pensamiento contemporáneo, buscando en la palabra escrita algo sostenedor, una imagen optimista del futuro, una postal de nuestra propia nostalgia, un recuerdo de quién nos acercó al universo maravilloso de los libros y por ende, nos salvó de muchas cosas.
Jimo Soriano - Girl at Heart
La temática del próximo newsletter de Lulú Reads es Sisterhood: hermanas literarias. Le dejó a continuación una lista de lecturas sugeridas y libros que seguramente mencionemos para entrar en tema. Van a encontrar una selección variada; clásicos, novelas históricas, ficción contemporánea y hasta biografías.¡Hay para todos los gustos!
Mujercitas - Louisa May Alcott
La Amiga Estupenda - Elena Ferrante
Breasts and Eggs - Mieko Kawakami
Las Vírgenes Suicidas - Jeffrey Eugenides
Fan Girl - Rainbow Rowell
Orgullo y Prejuicio - Jane Austen
Las Malas - Camila Sosa Villada
El Dios de las Pequeñas Cosas - Arundhati Roy
El Gabinete de las Hermanas Brontë - Deborah Lutz
Practical Magic - Alice Hoffman
Summer Sisters - Judy Blume


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