Desde chica aprendí a coleccionar con mi papá y sentía tal fascinación que a un punto armaba colecciones de todo lo que me encontraba por la vida. Coleccionaba estampillas, piedras que me encontraba (muy comunes por cierto) pero que para mi cargaban la magia del mundo entero, coleccionaba pedazos de naturaleza con el deseo de volverme una “naturalista” cuando tuviera una colección lo suficientemente contundente para poder entender la naturaleza y poder llamarme así. Papeles de carta, caracoles marinos, evolucionaron en colecciones adultas de manteles antiguos, vestidos vintage, libros, revistas de labores, y aun colecciono elementos que me parecen bellos que me encuentro en el mundo natural.
Cuando crecí, me encontre con algo muy familiar en un viaje a Londres en el 2015, pero envuelto en un concepto nuevo que eran los famosos “gabinetes de maravillas” o Cabinet de curiosites. Algo que habia hecho desde chica, tenia un nombre y habia muchas personas a lo largo de la historia que lo habian hecho.
Meterse en uno de esos gabinetes era como transportarse al gabinete de la mente de una persona, era como viajar a todos esos lugares que se atesoraban en la memoria de una cabeza, todos esos gustos particulares, y todas esas pequeñas fascinaciones que quedaban plasmados en ese cuarto. Sin saberlo habia armado mi propio gabinete de maravillas en mi estudio.
Esta colección fue una exploración de ese gabinete físico y mental que tengo, porque para mi el gabinete de maravillas es una representación de nuestra mente y viceversa. Entonces la primer pregunta que me hice fue: que hay ahi? Hay recuerdos, hay objetos, hay texturas, y todo eso intente plasmarlo en la coleccion: las faldas de tartan que aun tengo de mi abuela, una memoria de un buho blanco en el campo sobrevolando la noche estrellada, los tulipanes que planto en mi jardin, las anemonas que finalmente me crecieron, mis gatos, mis libros, los muchos floreros de porcelana que pintaba mi abuela, y mi fascinacion por universos fantasticos, todo eso converge como una parte en el estante de mi imaginario, y lo plasme lo mejor que pude dentro de la coleccion. Un poco caotica como mi mente misma, pero que tiene un orden, mi propio orden.
Lulú.


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